{"id":72,"date":"2013-07-10T21:02:42","date_gmt":"2013-07-10T21:02:42","guid":{"rendered":"http:\/\/eec.cat\/blog\/?page_id=72"},"modified":"2026-03-07T17:00:16","modified_gmt":"2026-03-07T16:00:16","slug":"que-creiem","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/eec.cat\/blog\/que-creiem\/","title":{"rendered":"Qu\u00e8 creiem"},"content":{"rendered":"<p>L\u2019Esgl\u00e9sia Evang\u00e8lica de Catalunya, forma part de la Iglesia Evang\u00e9lica Espa\u00f1ola. Aquesta esgl\u00e9sia es defineix com una comuni\u00f3 de congregacions, unides per una vocaci\u00f3 com\u00fa, que donen testimoni de la sobirania de Jesucrist, el confessen com D\u00e9u i Senyor i expressen la seva uni\u00f3 org\u00e0nica en l\u2019acceptaci\u00f3 d\u2019una mateixa Disciplina i l\u2019adopci\u00f3 d\u2019una sola Confessi\u00f3 de fe.<\/p>\n<p>La seva evoluci\u00f3 doctrinal i eclesi\u00e0stica ha estat lenta i laboriosa, degut al fet que, en tota la primera part de la seva hist\u00f2ria, pr\u00e0cticament fins l\u2019any 1953, va ser de fet una federaci\u00f3 d\u2019esgl\u00e9sies de diferents denominacions a les quals el temps i les circumst\u00e0ncies van portar a formar una sola esgl\u00e9sia estructurada a nivell de l\u2019Estat Espanyol.<\/p>\n<p>No t\u00e9 doncs, l\u2019EEC una confessionalitat ben definida dins de les grans fam\u00edlies confessionals d\u2019\u00e0mbit mundial. Est\u00e0 formada per congregacions presbiterianes i metodistes, les quals s\u2019han enriquit m\u00fatuament, mantenint les seves respectives tradicions, en el s\u00ed d\u2019una sola esgl\u00e9sia a Catalunya, com \u00e9s avui l\u2019EEC.<\/p>\n<p>Doctrinalment, les Bases de la IEE es refereixen a la seva especial vinculaci\u00f3 \u201ca les esgl\u00e9sies que reconeixen els principis de la Reforma religiosa del segle XVI, de forma que, a Espanya, la Iglesia Evang\u00e9lica Espa\u00f1ola representa al Protestantisme hist\u00f2ric\u201d. Aquesta mateixa afirmaci\u00f3 es pot fer referida a l\u2019Esgl\u00e9sia Evang\u00e8lica de Catalunya, al nostre pa\u00eds.<\/p>\n<p>La Confessi\u00f3 de Fe \u00e9s el document en el qual es recullen les creences de la nostra Esgl\u00e9sia.<\/p>\n<blockquote><p><strong>Confessi\u00f3 de Fe de l&#8217;Iglesia Evang\u00e9lica Espa\u00f1ola<\/strong><\/p>\n<p><strong>PREFACIO<\/strong><\/p>\n<p>La Iglesia Evang\u00e9lica Espa\u00f1ola, consciente de ser parte integrante de la verdadera Iglesia de Jesucristo, y sabi\u00e9ndose heredera de aquella Iglesia Evang\u00e9lica que en 1872 redact\u00f3 la Primera Confesi\u00f3n de Fe, siguiendo los principios fundamentales de las Iglesias hist\u00f3ricas de la Reforma del Siglo XVI, expone en esta Segunda Confesi\u00f3n nueva y p\u00fablicamente el testimonio de su fe, habiendo suplicado antes el don del Esp\u00edritu Santo, a fin de que dicho testimonio no sea otro que el de los Profetas y Ap\u00f3stoles, seg\u00fan se halla claramente manifestado en las Sagradas Escrituras.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO I<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que las Sagradas Escrituras son la Palabra de Dios, mediante la cual Dios ha hablado y habla al hombre y le hablar\u00e1 hasta el final de los tiempos; revel\u00e1ndole su santa voluntad y ofreci\u00e9ndole eterna salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Inspiradas por Dios mismo, est\u00e1n libres de error en todo cuanto ata\u00f1e a la salvaci\u00f3n del hombre y nada es in\u00fatil en ellas, ya que (Toda Escritura, dada por el Esp\u00edritu de Dios, es \u00fatil para ense\u00f1ar, para redarg\u00fcir, para corregir, para instruir en justicia).<\/p>\n<p>Como testimonio prof\u00e9tico y apost\u00f3lico divinamente inspirado, las Sagradas Escrituras son ellas mismas su verdadero int\u00e9rprete y comprensibles al hombre por obra del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>El conjunto de las Sagradas Escrituras es la Biblia, la cual comprende los siguientes libros, llamados can\u00f3nicos:<\/p>\n<p>Antiguo Testamento: el G\u00e9nesis, el \u00c9xodo, el Lev\u00edtico, los N\u00fameros, el Deuteronomio, Josu\u00e9, Jueces. Ruth, 1.0 y 2.0 de Samuel, 1&#8243; y 2.0 de Reyes, 1.0 y 2.0 de Cr\u00f3nicas, Esdras, Nehem\u00edas, Ester; Job, Salmos, Proverbios, Eclesiast\u00e9s, Cantar de los Cantares; Isa\u00edas, Jerem\u00edas, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Am\u00f3s, Abd\u00edas, Jon\u00e1s, Miqueas. Nahum, Habacuc, Sofon\u00edas, Haggeo, Zacar\u00edas y Malaqu\u00edas;<\/p>\n<p>Nuevo Testamento: Evangelio seg\u00fan Mateo, 5. Marcos, Lucas y Juan; Hechos de los Ap\u00f3stoles; Ep\u00edstolas de Pablo a los Romanos, 1\u00aa y 2\u00aa a los Corintios, a los G\u00e1latas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, 1\u00aa y 2\u00aa a los Tesalonicenses, 1\u00aa y 2\u00aa a Timoteo, a Tito, a Filem\u00f3n, Ep\u00edstola a los Hebreos, Ep\u00edstola de Santiago, Ep\u00edstolas 1\u00aa y 2\u00aa de Pedro, Ep\u00edstolas 1\u00aa, 2\u00aa y 3\u00aa de Juan, Ep\u00edstolas de Judas, y el Apocalipsis de Juan.<\/p>\n<p>Fuera de la Biblia no reconocemos ninguna regla infalible en cuestiones de fe y moral. Los libros llamados ap\u00f3crifos, incorporados a algunas ediciones de la Biblia, carecen de car\u00e1cter normativo absoluto. Asimismo, no reconocemos car\u00e1cter autoritativo, independiente de las Sagradas Escrituras, a la llamada Tradici\u00f3n Eclesi\u00e1stica, o sea, al conjunto de interpretaciones de las Sagradas Escrituras en la Iglesia a trav\u00e9s de los tiempos.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO II<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE DIOS<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que hay un solo Dios eterno, verdadero, personal, santo, justo y misericordioso, el mismo que confiesan los S\u00edmbolos llamados Apost\u00f3lico, Niceno y Atanasiano; el mismo revelado en las Sagradas Escrituras como Creador, Gobernador y Sustentador de todo cuanto existe, lo visible y lo invisible; el mismo en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Esp\u00edritu Santo, o sea, la Sant\u00edsima Trinidad, solamente a la cual debemos adoraci\u00f3n y honra y gloria en vida y en muerte.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO III<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA PROVIDENCIA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que al Dios Todopoderoso le plugo desde un principio sustentar, gobernar y mantener al hombre en sujeci\u00f3n a El, mediante su Providencia y asimismo a todas las criaturas. Tambi\u00e9n est\u00e1n sujetos a la Providencia divina los elementos y todas las circunstancias que rodean la vida del hombre, de manera que \u00e9ste puede confiar en suerte y desgracia, abundancia y escasez, felicidades y calamidades en que no depende de la casualidad, ni del destino ciego, sino que es objeto.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO IV<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL HOMBRE<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen y semejanza, diferenci\u00e1ndole as\u00ed de todas las dem\u00e1s criaturas visibles e invisibles y dot\u00e1ndole de conocimiento, justicia y santidad, a fin de que viviera en comuni\u00f3n con su Creador, y para que, sin dejar de ser criatura sujeta a Dios, se ense\u00f1orease de la Creaci\u00f3n visible y procrease el g\u00e9nero humano; y todo ello hab\u00eda de ser para gloria del Creador. Con estos fines, tambi\u00e9n dot\u00f3 Dios al hombre de libertad, se\u00f1al\u00e1ndole, al mismo tiempo, que quedaba sujeto a la voluntad del Creador, su Se\u00f1or.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO V<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA CA\u00cdDA DEL HOMBRE<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que el hombre, al pretender igualarse orgullosamente a su Creador mediante el hecho de la desobediencia, perdi\u00f3 la justicia original que pose\u00eda, quedando quebrantada por el pecado su comuni\u00f3n con Dios. Aunque como criatura no perdi\u00f3 del todo &#8220;su imagen y semejanza de Dios&#8221;, esta imagen y semejanza result\u00f3 para siempre borrosa y corrompida. De aqu\u00ed que desde la Ca\u00edda o Pecado original todos los hombres nazcan inclinados al mal, incapaces por s\u00ed mismos de hacer la voluntad de Dios, impotentes para salvarse por propio esfuerzo y merecedores, por sus pecados, de la muerte eterna, por carecer de verdadera comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO VI<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA GRACIA DIVINA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que Dios es clemente y no desea la muerte del pecador, sino que el pecador se arrepienta y viva eternamente. Esta clemencia divina es perfectamente libre, sin que exista medio alguno en el hombre o fuera del hombre para influir sobre ella en favor propio. Siendo la Gracia de Dios soberanamente libre, solamente a ella se debe la posibilidad real y efectiva de que el pecador se salve.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO VII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA LEY DE DIOS<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que la gracia divina empez\u00f3 a actuar en favor del hombre inmediatamente despu\u00e9s de la ca\u00edda de \u00e9ste y que la Ley, dada a conocer al hombre para preservarle de la perdici\u00f3n total, es obra de la Gracia.<\/p>\n<p>En la Ley de Dios, sumariamente contenida en los Diez Mandamientos, revela Dios su santa voluntad.<\/p>\n<p>El hombre, por su parte, al verse incapaz de cumplir esta voluntad, reconoce su propia naturaleza pecadora y con ello su miserable situaci\u00f3n, de la cual le es imposible salir en virtud de esfuerzos propios, dado que jam\u00e1s puede cumplir la Ley conforme lo exige la santidad y justicia de Dios.<\/p>\n<p>Asimismo, la Ley de Dios, interpretada y cumplida perfectamente por Jesucristo, sirve de norma de vida al cristiano redimido.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO VIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL LIBRE ALBEDR\u00cdO<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que el hombre es y ha de ser objeto de la Gracia libre y misericordiosa de Dios, pues su naturaleza corrompida le impide obedecer a Dios y confiar en El enteramente. Sin embargo, el hombre, en virtud de ser criatura racional, est\u00e1 en condiciones de cumplir con sus deberes morales y sociales como individuo y como ciudadano, pero no est\u00e1 en condiciones de servir a Dios como \u00c9l lo exige y lo espera.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO IX<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE JESUCRISTO, DIOS Y HOMBRE VERDADERO<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que Jesucristo es el Verbo de Dios que se hizo carne, adoptando as\u00ed naturaleza humana y habitando entre los hombres como Jes\u00fas de Nazareth. Jesucristo, concebido por el Esp\u00edritu Santo en el seno de una virgen, llamada Mar\u00eda, es el Hijo Unig\u00e9nito del Padre y una sola cosa con el Padre y el Esp\u00edritu Santo y, por consiguiente, Dios verdadero. En Jesucristo se han unido la naturaleza divina y la naturaleza humana con unidad de persona. En \u00e9l se ha revelado Dios personal e hist\u00f3ricamente al mundo en forma definitiva. 16.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO X<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA OBRA REDENTORA DE DIOS EN JESUCRISTO<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que el Padre envi\u00f3 al Hijo al mundo y que el Hijo se humill\u00f3 voluntariamente para que en \u00e9l se realizase la Reconciliaci\u00f3n. Jesucristo cumpli\u00f3 la voluntad de Dios en perfecta obediencia, humill\u00e1ndose a s\u00ed mismo hasta su muerte en la cruz, con lo cual libr\u00f3 al hombre de la esclavitud del pecado, ofreci\u00e9ndole una nueva y verdadera vida de comuni\u00f3n con Dios. As\u00ed, Jesucristo se puso en lugar del hombre, llevando su pecado y su culpa y expi\u00e1ndolo en la cruz.<\/p>\n<p>Luego de muerto y sepultado, resucit\u00f3 el tercer d\u00eda de entre los muertos, subi\u00f3 a los cielos, y, sentado ahora a la diestra del Padre, intercede por los hombres, al mismo tiempo que permanece entre los suyos por virtud del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Por su vida, muerte, resurrecci\u00f3n y glorificaci\u00f3n se hizo Jesucristo \u00fanico Redentor y Mediador entre Dios y los hombres, cuya injusticia y desamor se puso de manifiesto crucificando al Unig\u00e9nito, enviado del Padre.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XI<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA ELECCI\u00d3N DE LA GRACIA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que Dios ha perdonado en Jesucristo todos los pecados, de manera que la Gracia divina elige a los hombres solamente en Cristo, \u00fanico Mediador y Redentor; y a todo hombre que se acoge arrepentido a la cruz le son perdonados los pecados. Mas la Gracia divina realiza la elecci\u00f3n del hombre seg\u00fan la presciencia divina en Jesucristo y nunca fuera de Jesucristo.<\/p>\n<p>El hombre que desoye el llamamiento de Dios es responsable de su propia incredulidad, porque Dios no rechaza a ninguno de los que a \u00c9l acuden en busca de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL ESPIR\u00cdTU SANTO<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que el Esp\u00edritu Santo es Dios eterno juntamente con el Padre y el Hijo y que s\u00f3lo por su medio y virtud el hombre puede llegar al verdadero conocimiento de Dios, a la comprensi\u00f3n de su Palabra y a la apropiaci\u00f3n de la obra salvadora de Cristo. El Esp\u00edritu Santo realiza en los hombres la obra de la regeneraci\u00f3n espiritual y de una santificaci\u00f3n cada vez m\u00e1s perfecta. Habitando en los creyentes, los protege contra la tentaci\u00f3n, los fortalece y consuela, y permanece con ellos eternamente como prenda de su nueva comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL ARREPENTIMIENTO<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que todo hombre necesita del arrepentimiento, el cual consiste en que el hombre se reconozca pecador, lo confiese as\u00ed delante del Dios tres veces santo y se acoja a su misericordia infinita. Todo hombre que, movido por el Esp\u00edritu Santo, haga tal y busque comuni\u00f3n con Dios y se entregue a Cristo con verdadera fe, es el hombre llamado, arrepentido, convertido y, tambi\u00e9n, completamente regenerado o nacido de nuevo.<\/p>\n<p>Dado que el hombre vive en carne, el Esp\u00edritu Santo le llamar\u00e1 no una sola vez, sino de continuo al arrepentimiento, cuyo llamamiento debe atender el nuevo hombre, atribulado de su naturaleza pecadora y deseoso de cumplir la voluntad de Dios por Jesucristo, la cual voluntad es la santificaci\u00f3n del hombre creyente.<\/p>\n<p>El arrepentimiento es la condici\u00f3n imprescindible para la santificaci\u00f3n, que no consiste solamente en el perfeccionamiento moral del hombre, sino en la obra de Dios mismo en el hombre, a la que \u00e9ste se entrega cada d\u00eda con mayor sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XIV<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA FE<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que por obra del Esp\u00edritu Santo nos es otorgado el don de la fe, la cual no consiste tan s\u00f3lo en tener por cierto lo que se\u00f1alan las Sagradas Escrituras, sino, sobre todo, en una confianza personal e incondicional en Dios, en la obediencia absoluta a su santa voluntad y en la certidumbre de nuestra eterna salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XV<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA JUSTIFICACION<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que como el perd\u00f3n de los pecados alcanza a todos los hombres que se acogen arrepentidos a la cruz de Cristo, cada hombre necesita tambi\u00e9n ser declarado justo por Dios mismo. Pero esta justificaci\u00f3n no la logra el hombre ni por m\u00e9ritos propios ni por ning\u00fan esfuerzo personal, sino por la fe en Cristo, Mediador nuestro y .Justicia nuestra. Por eso, cuando Dios aplica al hombre creyente la justicia de Cristo, el hombre no s\u00f3lo es aceptado y perdonado, sino que tambi\u00e9n vive en Cristo, conf\u00eda en \u00e9l, es obediente a Cristo, y es declarado justificado y justo de manera real y cierta.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XVI<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LAS BUENAS OBRAS<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos la necesidad de las buenas obras, mas no como m\u00e9ritos que el hombre haga para inclinar a Dios a misericordia, sino como se\u00f1al patente de la fe y frutos de la misma. Fe sin obras es fe muerta; pues la obediencia en la fe es el cumplimiento de los preceptos divinos. Las buenas obras que Dios ha prometido galardonar son las realizadas por la fe movida por el amor.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XVII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA IGLESIA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que Dios nos ha dado el Evangelio para salvaci\u00f3n del mundo, y que ha llamado a su Iglesia para dar testimonio, de palabra y obra, de que el Evangelio es la Potencia redentora de Dios.<\/p>\n<p>La Iglesia es la comuni\u00f3n de todos aquellos que, elegidos por la Gracia de Dios en Jesucristo, son llamados y congregados mediante el Esp\u00edritu Santo, el cual, con la Palabra de Dios, les protege y guarda en la unidad de la fe verdadera hasta el fin del mundo. Por eso es la Iglesia la comuni\u00f3n de los santos, miembros todos ellos del cuerpo de Jesucristo, participantes de las riquezas de su Se\u00f1or y obligados todos y cada uno de ellos a emplear los dones recibidos en favor de la Iglesia y para edificaci\u00f3n de la misma.<\/p>\n<p>La Iglesia es una, es santa y es universal; y como comuni\u00f3n de todos los creyentes en Cristo, se caracteriza por la predicaci\u00f3n pura del Evangelio y la administraci\u00f3n recta (o sea, conforme al mandato de Jesucristo) de los Sacramentos.<\/p>\n<p>La unidad de la Iglesia no significa uniformidad o igualdad de ceremonias o formas de culto, ni requiere para su plena realizaci\u00f3n una sola forma de organizaci\u00f3n visible, sino que est\u00e1 fundada y unida en la misma fe en Jesucristo, cabeza de la Iglesia, y en la posesi\u00f3n com\u00fan del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XVIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL MINISTERIO EN LA IGLESIA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que la Iglesia solamente puede realizar su ministerio en obediencia a su Se\u00f1or y \u00fanica cabeza, que es Jesucristo, y atendiendo a la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Como el Esp\u00edritu Santo es don otorgado a todos los creyentes, \u00e9stos son llamados, sin excepci\u00f3n, a ser ministros de Dios en la Iglesia, constituyendo as\u00ed el &#8220;sacerdocio universal&#8221; de los creyentes. Por consiguiente, no hay diferencia esencial entre &#8220;ministros&#8221; y &#8220;laicos&#8221;, y, mucho menos, entre &#8220;clero&#8221; y &#8220;pueblo&#8221;.<\/p>\n<p>No obstante esto, al Se\u00f1or de la Iglesia le ha placido desde un principio repartir entre los fieles los diversos dones del Esp\u00edritu, creando as\u00ed el ministerio peculiar de todo creyente, conforme a los dones espirituales que haya recibido.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XIX<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA PREDICACION DE LA IGLESIA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que el ministerio principal de la Iglesia es la predicaci\u00f3n del reino de Dios conforme a las Sagradas Escrituras, interpretadas seg\u00fan el Evangelio de Jesucristo crucificado, resucitado y glorificado en los cielos; y por tanto, tambi\u00e9n ha de ser predicaci\u00f3n de la Iglesia el llamamiento al arrepentimiento y la exhortaci\u00f3n a creer en el Evangelio, en espera gozosa de la llegada del reino de Dios en su plenitud.<\/p>\n<p>S\u00f3lo a la Iglesia le ha sido encomendada la predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios que anuncia el Juicio y la Gracia divinos y, en virtud de esta predicaci\u00f3n, la Iglesia declara el perd\u00f3n de los pecados a aquellos que sinceramente arrepentidos aceptan con fe verdadera las promesas de Dios en Cristo. Asimismo, declara la Iglesia la condenaci\u00f3n de los incr\u00e9dulos, amenazados de la ira de Dios, si no se convierten.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XX<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL CULTO DE LA IGLESIA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que a la Iglesia corresponde la celebraci\u00f3n del culto divino. Este culto es tributado sola y exclusivamente al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo. Conforme al Evangelio y la costumbre de la Iglesia Apost\u00f3lica primitiva, integran el culto la lectura y predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios, la Oraci\u00f3n, el C\u00e1ntico y la administraci\u00f3n de los Sacramentos.<\/p>\n<p>Habiendo destinado el Creador un d\u00eda de la semana para que el hombre repose de su obra cotidiana y lo consagre de una manera especial a Dios, este d\u00eda, que desde la gloriosa resurrecci\u00f3n de Cristo es el Domingo, debe dedicarse al culto, lo cual no excluye que el culto se celebre tambi\u00e9n en otros d\u00edas de la semana.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XXI<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LOS SACRAMENTOS<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que Jesucristo, el Se\u00f1or, ha instituido en su Iglesia dos Sacramentos, a saber: el Bautismo y la Cena del Se\u00f1or o Santa Cena.<\/p>\n<p>En los Sacramentos no se trata de ritos cualesquiera, sino que los Sacramentos son, juntamente con la Palabra de Dios, los medios de que a \u00c9l le place valerse para ofrecernos, otorgarnos y confirmarnos su Gracia en la Iglesia de Jesucristo, y esto no solamente a la comunidad de los creyentes en general, sino tambi\u00e9n a cada creyente en particular.<\/p>\n<p>Jesucristo mismo es el Se\u00f1or de los Sacramentos y por eso la Iglesia ha de administrarlos fielmente conforme a las palabras de su instituci\u00f3n, as\u00ed como tambi\u00e9n usando los signos de agua, pan y vino, seg\u00fan el mandato del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Por eso son los Sacramentos actos sagrados para uso de los creyentes, de manera que todo incr\u00e9dulo atraer\u00e1 juicio y condenaci\u00f3n sobre s\u00ed usando indebidamente de ellos.<\/p>\n<p>En los Sacramentos fielmente administrados act\u00faa el Esp\u00edritu Santo sobre quienes de ellos participan con fe, aplic\u00e1ndose \u00e9stos, por pura gracia, y no en virtud de los signos mismos ni de la piedad o intenci\u00f3n del ministrante, todos los beneficios de la Redenci\u00f3n consumada por Cristo.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XXII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL BAUTISMO<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que en virtud del Bautismo, celebrado conforme al mandamiento del Se\u00f1or, aplicando agua en nombre del Padre, y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, al que lo recibe, \u00e9ste es hecho objeto de los beneficios de la Gracia, incorporado a la Iglesia y hecho part\u00edcipe de la redenci\u00f3n por la Sangre de Jesucristo, a la cual corresponde como signo el lavacro de agua en el Bautismo.<\/p>\n<p>Debe recibir este Sacramento toda persona no bautizada, que haya de ingresar como miembro en la Iglesia.<\/p>\n<p>Trat\u00e1ndose de persona mayor, ha de manifestar conocimiento de la obra redentora de Cristo, \u00fanico Salvador, y mostrar sincero arrepentimiento antes de ser bautizada.<\/p>\n<p>Trat\u00e1ndose de ni\u00f1os, cuyos padres, o uno de ellos, o cuyos tutores sean creyentes, tambi\u00e9n recibir\u00e1n el Bautismo, porque los beneficios de la Gracia son anteriores a todo conocimiento o voluntad del hombre. Los padres o tutores, as\u00ed como la Iglesia entera, se hacen responsables de la instrucci\u00f3n de la criatura bautizada, de manera que llegue al conocimiento propio de la salvaci\u00f3n en Cristo, su Se\u00f1or, reconozca la necesidad del arrepentimiento, preste obediencia a la Palabra y tenga siempre en su Bautismo la prenda y se\u00f1al segura de ser un hijo de Dios. Normalmente, administra el Bautismo el Pastor ordenado por la Iglesia, si bien, en circunstancias especiales, pueda administrarlo otra persona id\u00f3nea.<\/p>\n<p>En modo alguno debe recibir una persona dos veces el Bautismo, pues siendo \u00e9ste obra de la Gracia divina, no puede perder su significado y eficacia espirituales.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XXIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA SANTA CENA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que en el Sacramento de la Santa Cena, celebrado conforme al mandamiento del Se\u00f1or, con ambas especies de pan y vino y pronunciando las palabras de la instituci\u00f3n, los creyentes que de \u00e9l participan gozan de la comuni\u00f3n con la persona de Cristo y su obra redentora. Esta comuni\u00f3n es de car\u00e1cter espiritual, como espiritual es tambi\u00e9n la presencia de Cristo resucitado entre los comulgantes, y en virtud de dicha comuni\u00f3n, por obra del Esp\u00edritu Santo, se realiza en la Santa Cena tambi\u00e9n la comuni\u00f3n con el Padre y la comuni\u00f3n entre todos los participantes.<\/p>\n<p>En ning\u00fan momento de la celebraci\u00f3n del Sacramento sufren los elementos pan y vino ninguna alteraci\u00f3n ni transformaci\u00f3n, sino que siguen siendo pan y vino y, no obstante esto, el creyente se nutre espiritualmente de Cristo y de los beneficios de su muerte. En la Santa Cena, Cristo no es ofrecido ni se ofrece al Padre, lo cual ya sucedi\u00f3 una vez para siempre, ni tampoco se hace en ella Sacrificio alguno para remisi\u00f3n de pecados, sea de vivos o de muertos.<\/p>\n<p>No puede celebrarse el Sacramento de la Santa Cena si no es en memoria del sacrificio \u00fanico y sin repetici\u00f3n de Cristo en la cruz, mas al mismo tiempo dicha celebraci\u00f3n es tambi\u00e9n testimonio de gozosa esperanza en el Se\u00f1or resucitado, el cual est\u00e1 por venir de nuevo.<\/p>\n<p>La Iglesia tiene autoridad para excluir de la Santa Cena a quienes se resistan a arrepentirse o se manifiesten abiertamente indignos, evitando as\u00ed caiga sobre ellos el juicio divino.<\/p>\n<p>A diferencia del Bautismo, que se administra al creyente una sola vez en su vida, el Sacramento de la Santa Cena puede celebrarse ora en cada Culto, ora una vez al mes, ora en d\u00edas determinados, pero siempre en el seno y presencia de la congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XXIV<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA CONFIRMACION, EL MATRIMONIO Y LA ORDENACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que en virtud de su ministerio la Iglesia puede realizar actos de culto especiales que, si bien no tienen car\u00e1cter sacramental, ni pueden ser interpretados como mandamientos divinos, resultan provechosos para la edificaci\u00f3n de la Iglesia. Entre ellos son los principales: la Confirmaci\u00f3n, la solemnizaci\u00f3n del Matrimonio y la Ordenaci\u00f3n al Ministerio pastoral.<\/p>\n<p>El Bautismo infantil implica que el bautizado, llegado a la mayor\u00eda de edad, presente a la Iglesia el testimonio personal de su fe en Jesucristo. Esta ceremonia se denomina Confirmaci\u00f3n, por ser la confirmaci\u00f3n que el bautizado da de la fe en que fue llevado al Sacramento del Bautismo.<\/p>\n<p>El Matrimonio es instituci\u00f3n divina. Su objeto es glorificar a Dios, cumpliendo los c\u00f3nyuges las leyes naturales propias de este estado, santific\u00e1ndose rec\u00edprocamente en la vida conyugal y educando a los hijos en el temor y amor de Dios. La Iglesia al solemnizar el matrimonio exhorta a los esposos al cumplimiento de sus deberes conyugales, sin que este acto ni el matrimonio mismo tengan por ello calidad de Sacramento.<\/p>\n<p>Considerando que en la Iglesia hay hombres llamados y apartados por Dios para el servicio de la misma, la Iglesia les confiere el Ministerio mediante la ceremonia de la Ordenaci\u00f3n, amonest\u00e1ndoles y suplicando sobre ellos los dones del Esp\u00edritu Santo. La Ordenaci\u00f3n no concede al ordenado car\u00e1cter de persona sagrada, sino que s\u00f3lo le confiere la autoridad espiritual propia del Ministerio de la Palabra y la administraci\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XXV<\/strong><\/p>\n<p><strong>DEL PODER CIVIL<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos que toda autoridad civil ha sido instituida por Dios para provecho y paz de los hombres y con el cometido especial de castigar la maldad y proteger a quienes hacen el bien.<\/p>\n<p>La Iglesia, como comuni\u00f3n de ciudadanos con derechos y obligaciones para con la autoridad civil, debe prestar a \u00e9sta la obediencia correspondiente; pero tanto la Iglesia en su totalidad como cada miembro de ella en particular negar\u00e1 la obediencia a una autoridad que obligue a obrar en contra de la Palabra de Dios, como est\u00e1 grabada en el coraz\u00f3n y la conciencia del creyente, y expresada claramente en las Sagradas Escrituras.<\/p>\n<p>Siempre y cuando la autoridad civil no exija de la Iglesia y sus miembros desobediencia a Dios, consideramos que la Iglesia y sus miembros deben prestarle respeto y apoyo en todo cuanto sea preciso, sin por eso identificarse con ella.<\/p>\n<p>La Iglesia, por su parte, debe exigir del Estado plena y garantizada libertad para los creyentes en el Evangelio, as\u00ed como tambi\u00e9n para quienes no creen en el Evangelio, y esto no s\u00f3lo para la multitud de creyentes o incr\u00e9dulos, sino tambi\u00e9n para cada individuo que se halle bajo la autoridad del Estado. Asimismo, es obligaci\u00f3n de la Iglesia orar y suplicar a Dios por la autoridad civil, sea cual fuere su actitud frente a la Iglesia.<\/p>\n<p><strong>ART\u00cdCULO XXVI<\/strong><\/p>\n<p><strong>DE LA ESPERANZA CRISTIANA<\/strong><\/p>\n<p>Creemos y testificamos la vida eterna y la manifestaci\u00f3n gloriosa del Reino Eterno de Dios.<\/p>\n<p>El hombre que en vida recibi\u00f3 la justificaci\u00f3n por la fe, vive en su Se\u00f1or Jesucristo, y esta comuni\u00f3n no puede ser rota ni siquiera por la muerte. Las Sagradas Escrituras no nos autorizan a afirmar la existencia de lugar alguno de purificaci\u00f3n de las almas de los fieles, o Purgatorio.<\/p>\n<p>El establecimiento del Reino Eterno de Dios en gloria va unido al retorno glorioso de Cristo, a la resurrecci\u00f3n de los muertos, al Juicio Final y a la Creaci\u00f3n de nuevos cielos y una nueva tierra.<\/p>\n<p>En el Juicio Final, Dios juzgar\u00e1 a todos los hombres con justicia por su Hijo Jesucristo, para que cada cual reciba lo que corresponda a las obras que en vida hiciera, obras que sean frutos de la fe u obras de la incredulidad. Los que encontraron en esta vida su salvaci\u00f3n en Cristo, hallar\u00e1n confirmada su redenci\u00f3n y recibir\u00e1n la vida eterna en plenitud, gozando eternamente de la presencia de Dios en la Gloria, mientras que los condenados ser\u00e1n excluidos de la participaci\u00f3n en estos bienes.<\/p>\n<p>Del retorno de Cristo, as\u00ed como, por consiguiente, de la resurrecci\u00f3n de los muertos, el Juicio Final y el establecimiento glorioso del Reino de Dios, nadie sabe el d\u00eda ni la hora, sino solamente el Padre Celestial; mas sabemos que el Se\u00f1or vendr\u00e1 sin advertencia y a la hora menos esperada.<\/p>\n<p>Cumple, pues, a los creyentes vivir esperando, siempre vigilantes, y diciendo: &#8220;Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas, ven pronto. Am\u00e9n&#8221;.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L\u2019Esgl\u00e9sia Evang\u00e8lica de Catalunya, forma part de la Iglesia Evang\u00e9lica Espa\u00f1ola. 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